
Es imposible pensar en una simple visita cultural a una ciudad como Jerusalem, capital del estado de Israel y ciudad que vio nacer el segundo movimiento religioso más extendido en el mundo: el cristianismo. La visita a la Ciudad Santa es dar un salto entre el siglo I y el XXI, es la unión entre uno de los mayores patrimonios de la humanidad y las grandes y modernas edificaciones y complejos empresariales de oficinas que impulsan el desarrollo del país.

Los lugares más importantes a visitar por el viajero se podrían reunir en lo que conocemos como “lugares santos”: el Kotel (conocido como Muro de las Lamentaciones), el Monte de los Olivos, la Tumba de la Virgen, la Iglesia de la Ascensión, el Monte Zión, la Vía Dolorosa o el Santo Sepulcro entre otros muchos. Al margen de la religión una visita igualmente enriquecedora es la que nos brinda el Jardín Botánico Nacional de Jerusalem, que reúne más de 6000 especies traídas de todos los lugares del mundo y que se agrupan según su lugar de origen.

También disponemos en nuestra visita de una rica selección de museos diseminados por la ciudad como son el Museo de Ciencia Bloomfield, el Museo de Israel, el Museo de la Torre de David o el Yad Vashem (Memorial de Jerusalem sobre los judíos que murieron en el holocausto). Hay que tener muy claro sobre que religión nos gustaría averiguar más en nuestra visita, pues la ciudad parece dividida por las 3 grandes religiones, y es que Jerusalem es un icono para las 3 (prueba de ello son las fotografías adjuntas, donde se intercambian iconos cristianos, judíos y musulmanes).

Para los amantes de la fotografía se debe incluir un pequeño detalle para la visita, y es que solo en esta ciudad se pueden conseguir unos destellos dorados sobre los edificios que iluminan todo el paisaje al tomar una instantanea, y que en ningún otro lugar de la Tierra se puede ver un brillo plateado producido por la luna en las noches de la ciudad para poder inmortalizar.


























