
Originadas por el río Iguazú , que significa ‘Grandes aguas’ en guaraní, las cataratas de este nombre, entre Argentina y Brasil, están compuestas por 275 cascadas , aunque en rigor sólo se distinguen y llevan nombre 21 de ellas. Todas se extienden por una anchura total de 2.700 metros.
Cuatro de las cascadas, las que forman la llamada Garganta del Diablo, allí donde más agua y desde más alto se despeña, se hallan en territorio brasileño y el resto, en el lado argentino.
Unos y otros se disputan cuál ofrece el mejor espectáculo. En rigor, cada lado tiene sus ventajas. Los brasileños suelen decir que ellos tienen las cataratas, pero ellos las vistas. Efectivamente el panorama más completo se tiene desde el camino que recorre la margen brasileña del río y donde unas pasarelas penetran hasta la base de la Garganta del Diablo, y permiten al viajero sentirse envuelto en casi 260º del retumbar del agua.

Sin embargo, el recorrido del lado argentino, que se puede hacer en trenecito, y sus pasarelas, llevan justo al borde superior de la garganta, al de otras cascadas y baja hasta la orilla del río entre la vegetación y el agua.
Es decir, que para ver el espectáculo completo hay que recorrerse el trozo argentino y el brasileño, además de una emocionante excursión en lancha hasta el pie mismo de las cascadas, o incluso un vuelo en helicóptero, que promete las vistas más impresionantes.




















