Las cataratas Victoria

Compartidas por Zambia y Zimbabue, y descritas por los kololo, una tribu que vivía a sus orillas a la llegada de Livingstone, en 1855, como ‘Mosi oa Tunya’ (El humo que truena), las cataratas Victoria vociferan desde lejos la magnitud de su poderío.

El estruendo viene sobre todo cuando el plácido, pero caudaloso río Zambeze se precipita por un cortado de casi dos kilómetros de ancho hasta el fondo de una abismal garganta, cien metros más abajo.

Las aguas entonces forman una enorme nube que se alza hacia el cielo, origina arcoiris y desparrama agua a su alrededor. Una catarata que con sus 1.708 metros de ancho, es la mayor cortina de agua del mundo. 1.088 métros cúbicos de agua por segundo, y todo rodeado de una vegetación de excepción.

Acercándose a ellas, en un resbaladizo sendero, cortado entre la jungla, se desciende hasta donde se juntan los dos muros en el fondo del abismo. Se comprende por que esta parte recibe el nombre de “Cascada del Diablo“.

Un vuelo en helicóptero permite abarcarlas desde el aire, y mucho más emocionante, un vuelo en ultraligero, codo a codo con el piloto y con el viento azotando el rostro.

Todo su entorno es una fantástica selva, en la que la fauna además nos acompaña a través de sus integrantes más fieros, los leones, pero también los hipopótamos que descansan abajo, en el río, y los elefantes africanos.

Según el mismo Livingstone, “Escenas tan bellas solo han podido ser contempladas por los ángeles en su vuelo“.

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