Ajaccio, el alma de Napoleón

Por su orografÃa salvaje y abrupta, el corso custodia la ciudad de Ajaccio, la que vio nacer al gran Napoleón. La misma ciudad emana su estela imperiosa bajo la atenta mirada de un espÃritu que parece permanecer errante en cada rincón de la ciudad, en la costa oeste de Córcega.
AsÃ, Napoleón custodia la ciudad y la vigila. Observa y supervisa cada movimiento del que pasa por la Place d’Austerlitx, donde se halla su inmensa estatua. Se dice que cuando era niño jugaba en la gruta anexa a lo que hoy muestra su efigie. Una estampa petrificada perfilada en el cielo que muestra su puño al Mediterráneo.
La calle principal que atraviesa la ciudad es Cours Napoleón, y une la Place de Gaulle en pleno casco antiguo con la Place Foch. Un centro neurálgico donde avenidas, bares, tiendas de souvenir o cafés como Cours Grand Val se alzan solemnes en terrazas a la francesa como le Wagram.

El recorrido por la ciudad imperial hace que de repente uno se detenga ante un pequeño bloque de cuatro plantas de la Rue de Leticia. Los ojos se fijan en un cartel de piedra: Residencia Bonaparte. Hoy en dÃa es el museo nacional de La Maison Bonaparte, del siglo XVIII:
Su interior apila recuerdos del hogar familiar con retazos fragmentados de historia. Tras el breve repaso de hazañas, un vistazo ahora hasta sus enseres más privados: un mechón enroscado a manera de reliquia, mobiliario original y hasta su propio uniforme rubricado desde una vitrina.
También su tÃo por parte de Madre, Leticia Ramolino, el cardenal Fesch, es un gran sÃmbolo de la urbe. El museo que lleva su nombre expone obras que el clérigo se trajo de Italia en 1839. Joyas de Botticcelli, Bellini o Tiziano.
Al fin, un lugar donde encontrar un pequeño trocito más de la historia de Europa.
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Una Sola Respuesta
Octubre 7th, 2009
8:54
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