
A un paso de La Manga del Mar Menor existe un entorno costero de calas naturales, dunas fósiles, acantilados, largas playas doradas… y ni una sola construcción. De momento. Es el parque regional de Calblanque, un paraíso marítimo terrestre que ofrece la cara más salvaje y natural de la costa murciana.
Calblanque es una palmera y un palmito, y arbustos como la azufaifa y el cornical. Es la luz mediterránea, el viento cálido y el cielo infinito.
Un largo arenal abierto a los vientos de Poniente y segmentado por varias calas que encajan como elipses doradas entre los negros roquedos volcánicos de la sierra costera murciana.
Todo un modelo de ecosistema mediterráneo sin contaminar. Arenas brillantes, acantilados oscuros y dunas fósiles de gran interés geológico que se reparten por igual en esta banda costera cercana al cabo de palos.

Sólo los restos de algunas explotaciones mineras y dos núcleos de pequeñas casas cúbicas y encaladas -Covaticas y la Jordana- nos recuerdan el paso del hombre por Calblanque. Las antiguas lagunas naturales del Rasall, reconvertidas a principio de siglo en salinas, y posteriormente abandonadas, han vuelto a su antigua ocupación como cobijo de aves acuáticas y limícolas.
Cerrando la bahía por el sur, se alza cabo de Palos, la esquina volcánica de la laguna. En el extremo del roquedo, como un gigante de hormigón, el faro de cabo de Palos advierte cada noche a los navíos de la presencia de bajos traicioneros mientras su haz luminoso barre incansable la superficie acristalada de una laguna salada a la que caprichosa la naturaleza convirtió en un mar menor.


Pingback: Bitacoras.com
Pingback: Calblanque, paraíso en el Mar Menor | Vuelos, viajes y hoteles